miércoles, 31 de diciembre de 2014

CONFUSIÓN


Felipe cogió una de las dos piedras que había encima de la mesa y me la arrojó con todas sus fuerzas.


El golpe en la cabeza me había regalado un enorme chichón. Veía doble, el cielo tenía un poderoso color rojo y la tierra un pálido azul. Sorprendía a los delfines saltando entre las rocas mientras por las plácidas aguas trepaban las cabras y los rebecos.

- Joder, te pedí que me dieras con la piedra del realismo, no con la de las alucinaciones… - dije llevándome la mano al centro de mi dolor.

- Mierda, ésa era la mía, ¿tú crees que funcionarán dos veces?

Al cabo de un rato, discutíamos acaloradamente sobre la existencia de Dios.

LA SIESTA


El hombre se quedó traspuesto con el libro abierto entre las manos. Las imágenes cobraron vida y salieron del papel para jugar.

Una se rió tan fuerte que el hombre dio un respingo en el sitio aunque sin llegar a abrir los ojos. Las demás la riñeron por armar tanto ruido.

El hombre ocultó una sonrisa y entre abrió los párpados mientras las dejaba jugar un rato más.

Cuando se desperezó, las imágenes corrieron a ocupar de nuevo su lugar.

-¿Hasta cuándo vamos a fingir que no sabemos que lo sabe? -susurró la más pequeña a las demás.
- Hasta que deje de pensar que nos chupamos el dedo...

UNA TIERNA IMAGEN


La madre cosía mientras la niña acariciaba el gato.

A través de la ventana notaban la presencia que atisbaba entre los arbustos. 

- Mamá, ¿se ha ido ya? - preguntó la pequeña al cabo de un rato.

- Creo que sí - contestó la madre levantando la vista de la costura y apartando un poco el visillo.

La vecina regresaba a casa con los puños cerrados y murmurando enfadada. Elevó el puño en alto amenazador mientras pensaba:

- ¡Juro que os descubriré! 

Mientras , en la casa, madre e hija se transformaron en brujas.

- ¡Qué buena idea dar vida al arbusto! Nos avisa cuando se acerca esa maldita alcahueta... Muahahaha

domingo, 7 de diciembre de 2014

UN AÑO MÁS

Aquel atardecer había sido el más hermoso que habían visto en su vida. Miles de colores iluminaron el cielo como si explotasen centenares de cohetes.

Tras años, bienios, lustros, décadas,  centurias y milenios cuando cierta gente se divertía asustando al resto con la amenaza del Fin del Mundo, había llegado el momento en que nadie creía en ella.

Por eso, cuando aquella noche, a escasos minutos del Nuevo Año,  cuatro jinetes irrumpieron en la abarrotada plaza, cundió el pánico entre la muchedumbre.

Al llegar al centro, serios, se quitaron los antifaces estallando en carcajadas. Poco a poco volvió la normalidad y los corazones se acompasaron tras la broma macabra de los cuatro gamberros.

La gente continuó bebiendo, brindando y riendo. Tras las campanadas del Nuevo Año, todo seguía igual, o eso pensaban. Nadie vería amanecer.

El Sol, con aquel ocaso, había querido rendir homenaje a todos aquellos que lo habían adorado, amado y luchado por él. Con las campanadas comenzaba su ansiado descanso gracias a su jubilación. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

RULETA RUSA

La magia de los libros se acaba y hay que reinventarse.
Blancanieves, Cenicienta, Aurora y demás princesas de los cuentos juegan a la ruleta rusa. Le toca el turno a Cenicienta, que coge el revolver y se dispara. Nada. Ahora es Blancanieves quien aprieta el gatillo. Bang. Las princesas saltan en sus asientos y la víctima desaparece. Se alejan cabizbajas hasta la próxima sesión. Cualquiera puede ser la siguiente.

Blancanieves vuelve al cuento. Esta vez, viendo el aspecto de la bruja, se burla de ella y la obliga a comerse la manzana. Nuestra princesa, huraña el resto de su vida, vive a costa de los enanos que siguen trabajando de sol a sol.

Presentado para el II Certamen de microrrelatos fantásticos y de terror.

UN MUNDO MEJOR

Desde mi ventana
veo un mundo mejor.
La gente no llora
porque no hay dolor.
Ya no hay odio,
ni envidia ni rencor.
Porque nadie piensa con la cabeza
sino con el corazón.
Desde mi ventana
existe otra realidad.
Una muy diferente
que no puedes comparar.
En la que no hay ladrones
porque no existe la maldad.
Donde cada uno va a su aire
y todos te dejan en paz.
Desde mi ventana,
el mundo entero brilla.
Porque todo depende,
del cristal con que se mira.

Presentado en el VI concurso de poemas temáticos red social de poesía "Desde mi ventana".

DESBARATANDO LA FERIA

Manolo odiaba la Feria. Todos los años, durante diez días, le resultaba imposible conciliar el sueño. Pero aquel septiembre, iba a poder dormir o se cambiaba de nombre.
Todo estaba listo: luces, banderines, mesas y sillas, bebidas, música…
Comenzaba el plan A.
-         No hay hielo – se oía gritar.
Se había echado a dormir con una sonrisa pensando en aquel saco helado que había tirado al vertedero, cuando se sobresaltó al escuchar la música. Todos en el pueblo habían contribuido y llevado cubitos de casa.
Le tocaba el turno al plan B.
-         ¡No hay bebidas! ¡Pero si hace un momento estaban aquí! ¿Quién se las ha llevado? – gritaban dos horas después.
Manolo descansaba de nuevo cuando el ruido y la música resonaron más fuertes en la noche.
El plan C sería el definitivo.
Cogió un cubo y se dirigió al generador que daba la energía a la Feria. Mil chispas saltaron mientras el agua lo mojaba todo y el lugar se quedaba en silencio.
-         Ahora seguid con la música si podéis – gritó en el centro de la plaza.
Una anciana se acercó a él y comenzó a tocar las palmas. Se sumaron varios con las guitarras. La noche siguió festejando su alegría mientras Manolo se metía en la cama con tapones en los oídos.
-         Cómo se nota que ha empezado la Feria, ¿eh, Manolo? – le dijo un compañero por la mañana.
-         Por favor, llámame Antonio.


Microrrelato presentado en el "II Certamen de microrrelatos  - Sucedió en la feria"

ABANDONO

Paseo por solitarias calles,
fiel reflejo del interior de sus casas.
Nadie vive en ellas,
todas sus  puertas están tapiadas.
Esperando a un dueño que no vendrá
y perdiendo día a día su alma.
Los cristales rotos
de sus ventanas cerradas,
son gritos al aire,
llamadas de auxilio y alarma.
El eco sonoro de mis zapatos
golpean fuerte la grava.
La carretera está llena de baches,
la calle ya no está empedrada.
Los hierbajos cubren las aceras
y las yedras que caían en cascada
y parecían querer comerse el mundo
ya no quedan ni los restos de sus raíces sanas.
Al final de la calle
veo una casa quemada
con el armazón de un balcón
y una veleta que baila.
Es la casa de mis antepasados
una casa noble y de gran fama
pero el tiempo es duro contrincante
para quien el dinero no vale nada.
Me voy por donde he venido
pues en mis ojos noto las lágrimas
y no quiero que aquella que fue
piense de mí que no valgo nada
mientras ella sigue en pie
aunque ya no pueda ni con su alma.
El paso del tiempo no perdona,

pero ella tampoco olvida quién fue su ama.

Y, hasta ahora, mi mayor orgullo y el fruto de mis alegrías.... La poesía que salió como la ganadora a la mejor obra en verso en el concurso "8ª Edición La pluma del Guirre"

SILENCIO

Oigo gritos en la calle
me asomo tras los cristales.
Otro padre de familia
que jamás verá la luz del día.
Otra familia rota
que pan no llevará a su boca.
Y yo escondida en la habitación
donde no hay más que un jergón
y un hombre sangrando
que con mil lágrimas voy curando.
Temerosa de pedir ayuda
porque ni siquiera hay un cura
que tenga algo de piedad
y no acuda a la autoridad
cuando se entere de su trance
sin esperar al desenlace.
Ayer luchó con valentía
Mañana morirá con cobardía.
Porque ayer éramos republicanos
y hoy estamos condenados.
Porque ayer libres éramos
mas nuestra lucha será sólo el eco,
de lo que pudo ser y no fue

y que jamás se volverá a ver.

Presentado para "Séptimo certamen de poesía mujeres silenciadas argentina rubiera"

PERDIDO

Miró la hora por tercera vez. Solo habían pasado tres minutos desde la anterior. Tenía los prismáticos en la mano pero no lograba encontrar el águila que había venido a buscar para su investigación.
-         Se ha ido – pensó con rabia. – Toda la mañana perdida.
Cogió una piedra y la tiró hacia un roble cercano. Cayó al lado de unas marcas de color pintadas en una roca no demasiado grande.
-         ¿Qué será esto? – se preguntó rozando con las yemas de los dedos la rugosa textura de la piedra. Desvió la mirada hacia las hendiduras del tronco que algún atrevido joven había raspado con una navaja para su novia.
Había un sendero en el que se asentaba el árbol. Era tortuoso y discurría junto a un riachuelo, cuyas limpias y mansas aguas invitaban a ser saciadas en ellas. El camino era transitado ya que la hierba estaba corta por el centro y más larga en los laterales.
Caminó unas horas por él. El sol se retiraba pero estaba tan absorto en la contemplación de lo que le rodeaba que no se daba cuenta que la luz disminuía. Oscurecía con rapidez tras las altas montañas.
Se sobresaltó al escuchar una voz a su espalda
-         Buenas. ¿Le ha atrapado El Camino de Santiago?
-         ¿Cómo dice? Eh… No… Estaba buscando un animal y he encontrado este sendero. Sus parajes son tan hermosos, que me he puesto a caminar.

-         Otro que ha caído – rió. - No es usted el primero – añadió. – Venga conmigo, yo le acompañaré. Soy el Guardián del Camino y le guiaré hasta que encuentre lo que busca.

Presentado para el "III Concurso de relatos breves - Una historia en el camino"

DESPEDIDA

Cuelgo el teléfono y miro la cama vacía. Sé que no volverá. Aliso las arrugas de las sábanas, que todavía tienen su aroma. Aquellas naranjas que compramos cuando éramos felices. Antes de que lo conociese y se encaprichase de él. Porque aquello no podía ser amor, cuando a mí me lo había jurado eterno.
-         No estoy enamorada de ti – había dicho hacía una hora.
-         No me vas a dejar – contesté. – O eres mía o de nadie – añadí.
La sangre asoma por la puerta del baño.

-         Tendré que limpiarla antes de que vengan a buscarme – pensé.


Presentado para "Microrrelato a partir de una fotografía: palabra e imagen - Desafío XTRart"

BRUJAS

-         En nombre de la Santa Inquisición, te condeno a morir en la hoguera – sentenció el juez.
-         Bruja, bruja – gritaban los vecinos.
Prepararon la leña que prenderían al caer el sol.
La rea estuvo en silencio hasta que las llamas la devoraban.
-         Os espera el mismo final que a mí – les maldijo.
El viento esparció sus cenizas que fueron inspiradas por quienes presenciaron su muerte.

El virus se extendería contra aquellos que las odiasen.


Presentado en el II Certamen de microrrelatos de historia Francisco Gijón

jueves, 20 de noviembre de 2014

RELATOS EN CADENA - TEMPORADA 2014-2015

Semana 10: En realidad esto del amor no tenía ninguna lógica

Semana 9: Empezó a pensar en un nuevo teorema.

BUSCANDO RAZONES
Empezó a pensar en un nuevo teorema. Se estrujó las ideas, escribió mil palabras, revivió mil momentos. Se paseaba con las manos en los bolsillos, sacándolas un segundo después. Sólo entonces, con una sonrisa en los labios, se dio cuenta de que había tenido la solución en la palma de su mano, en el momento exacto en el que ésta tocó su abdomen sintiendo vida en su interior. La prueba irrefutable de que lo amaba.

Semana 8: Pero ya nada sería igual.

Semana 7: El muñeco fue el primero en cerrar los ojos.

Semana 6: Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad.

Semana 5: Recluida en el pozo seco, pronto se callará.

TRAICIÓN
Recluida en el pozo seco, pronto se callará- piensan.
Pero ella canta feliz. Sabe que es la solución contra el hambre. Si no come nada, todos estarán saciados.
Las tripas le rugen y ella canta más alto para no oírlas. A media mañana comienzan las alucinaciones. Las piedras se convierten en bombones y cierra los ojos para no verlos. El suelo adquiere un tacto gelatinoso y comienza a sollozar. Sus lágrimas, dejan en sus labios el sabor del batido de chocolate. A su nariz llegan olores exquisitos y sólo oye.
-Come, come, come.
Abre los ojos. Por donde mira, la rodea la comida y se rinde.

Semana 4: Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer.

MÁS DULCE
-Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer- pienso mientras mis manos juegan con una pequeña botella vacía.- Aunque me esté gritando.
Su aguda voz se me metía en la cabeza y no conseguía librarme de ella ni durmiendo.
Mis manos dejan de jugar con la botella y miro su etiqueta: "Dulcificador". Mañana le tendré que dar una nueva dosis.

Semana 3: Deberías airearte un poco.

LA MECEDORA
Deberías airearte un poco. Salir - dice la anciana balanceándose en la mecedora mientras le acaricia. - Estás tan pálida - continúa. - Ve a jugar con tus amigas - termina.
Luego, ignorando todo lo que hay a su alrededor, sigue moviéndose atrás y adelante. Ha olvidado la muñeca a la que hablaba. Incluso se ha olvidado de sí misma.

Semana 2: Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz.

COSTUMBRES
Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz. Así se colgaba Ricardito su mochila el primer día de colegio. Acicalado y repeinado por su madre, esperaba nervioso en una silla junto al despacho del director, impaciente por empezar su trabajo diario de conserje. Pero la que abrió la puerta fue una mujer a la que no conocía. Ella se presentó como la nueva representante del colegio, pero Ricardito ni siquiera la miró. Insistió, trató de convencerlo de que las cosas cambiaban, que unos venían y otros se iban. Pero él se quedó allí plantado, esperando a alguien que nunca aparecería.

Semana 1: Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo.

MIL PELUCAS
Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo, pero cada día sale de casa con un peinado diferente. Nadie lo sabe, pero tiene escondidas más de mil pelucas.
- Mañana - dice al mirarse al espejo antes de ponerse una de ellas. - Mañana - se promete por la noche al acostarse.
Pero al día siguiente, al levantarse y enfrentarse de nuevo a su reflejo con su calva provocada por la quimioterapia, vuelve a decir:
- Mañana.

LA SOMBRA

La lluvia había empezado a caer después de darle la tarde libre a Vicente. Había decidido volver a casa andando y rodearme de la chusma que puebla mi ciudad. Esa gente que me ve como a una diosa lejana.
Hoy podría demostrarles que estoy más cerca de ellos aunque siempre habrá un gran abismo entre mis joyas y sus harapos.
Sonriendo feliz, medio apoyada en la pared para resguardarme de la lluvia y no mancharme mi vestido de D&G descubrí una sombra que se acercaba. Arrastraba los pies y el agua le calaba por completo. Se aproximaba peligrosamente. Comencé a caminar hacia atrás sin perderle de vista. Pero tras tropezar varias veces decidí correr tan deprisa como me dejaron mis zapatos de tacón de aguja. De reojo, miraba hacia atrás y seguía viendo la sombra, aunque algo más lejana. Mi mente volaba pensando mil historias: secuestro, robo... Nadie se acercaría de esa forma para pedirme un autógrafo. No conocía mi ciudad, así que, cuando giré aquella esquina pensando perderme en otra calle, encontré un callejón sin salida. No podía volver y me escondí entre las sombras del final, apoyando mi espalda contra la pared sin importarme ya su suciedad. Cualquier movimiento brusco haría que tintineasen las pulseras y los collares que llevaba. Incluso me sujeté las muñecas para evitar los temblores que luchaban por salir.
Pero la sombra se acercaba. Se internó en el callejón en mi busca. Tal vez mi Chanel Nº 5 me delató.
La sombra se detuvo delante de mí y alargó su huesuda mano.
- ¿Me da una moneda para comer algo, por favor? - dijo la sombra afónica.
- Ah - grité aterrorizada. Y salí corriendo.
Incluso los mendigos me atacaban.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

MUERTE AL ATARDECER

-         Es una bonita tarde para morir – comenta Susana mientras mira la puesta de sol.
-         No tiene por qué cumplirse el destino. Lo decidimos nosotros – contesta Samuel poniéndose de pie y rodeándole los hombros con el brazo.
-         He visto estas pistolas en la tienda. Se parecen bastante a la imagen de la premonición - replica ella sin escucharle.
-     ¿Por qué quieres cumplirla? – grita desesperado zarandeándola.
-         Hay que hacerlo – contesta tajante Susana tendiéndosela.
-         ¿Y si no quiero? Yo no voy a matarte. Así que irás a la cárcel – Ricardo bracea mientras habla con el arma en la mano.
La pistola se dispara rozándole el brazo a Susana que suelta la suya aturdida y se sienta en el suelo.
El teléfono comienza a sonar sin que nadie responda. Al otro lado de la línea, la directora de un casting taconea impaciente el suelo.

-         Muerte al atardecer – ríe irónica mientras mira el guión – yo sí que estaré muerta como no encuentre pronto una actriz para el papel protagonista. ¡Carlos! – grita -  ¿quién era la siguiente de la lista?

lunes, 3 de noviembre de 2014

QUIERO BAILAR

A María le encantaba bailar pero nadie tenía tiempo para ella.
-         Cariño, tengo que trabajar – le decían sus padres.
-         Vete de aquí, enana – le gritaban sus hermanos.
-         Pues vaya tontería – le comentaban sus amigos.
Incluso el espejo deformado que había en su habitación le devolvía una imagen que no era la suya riéndose de ella.
Mireia sabía que su tiempo terminaba y todavía no había encontrado a la persona por quien hacer la buena acción de su vida. Toda bruja malvada, una vez al menos, debía hacer algo bueno por alguien.
María se escondía bajo la capa de sábanas y mantas que la cubrían por la noche y lloraba sobre su almohada. Otras, gritaba en silencio en busca de la oportunidad que nadie le daba.
Mireia la escuchó llorar una noche y estuvo observándola unos días. Podría ser la persona que estaba buscando.
Una noche, al acostarse, descubrió una varita sobre su almohada junto a una nota: “Úsala bien” decía. Miró por la ventana y vio alejarse una figura montada en una escoba.
La niña no se separaba nunca de aquel instrumento y continuamente lo acariciaba sin atreverse a usarlo.
-         Mamá, mira cómo bailo.
-         Papá, mi mejor pirueta para ti.
Le contestaba el silencio. Ninguno de los dos la observaba, encerrados en ellos mismos.
-         Ositos de peluche – pensó María una mañana.
Uno a uno, padres, hermanos, amigos, familiares, vecinos… Los fue convirtiendo en muñecos y colocando en bancos que harían de butacas para la representación de su vida. Esta vez no podrían decirle que no.

-         Misión cumplida – pensó Mireia atisbando entre las sombras mientras acariciaba el gato que llevaba en sus brazos.

domingo, 2 de noviembre de 2014

UNA MÁS

Se oían gritos en cubierta, el agua entraba por las puertas de los camarotes. Mientras tanto, un hombre robaba en la habitación más lujosa del Titanic, la 115.
-         Una joya más, la última – se decía. – Me esperan en un bote.
Media hora más tarde, con los bolsillos a reventar salía de allí como el hombre más rico del barco.

Acudió al punto de encuentro y vio que, en ese momento, el bote se alejaba del transatlántico. Creyó que un salto sería suficiente, pero no contaba con el peso de más de lo robado. Las joyas lo sumergieron hacia las profundidades y él se dejó arrastrar.

viernes, 3 de octubre de 2014

VENGANZA

Me arrodillé delante de mi cuerpo inerte. Me aparté el mechón de la cara y me contemplé. Mis mejillas perdían el color mientras las baldosas se manchaban de rojo sangre.
Mi verdugo todavía llevaba el cuchillo en la mano.
En aquel momento recordé mis palabras de amor mientras veíamos aquella película de los setenta en un cine al aire libre.
-         Moriría por ti – dije entonces. – Qué pena – pensé. – Cuarenta años después, yacía en el suelo muerta por él.
El miedo había desaparecido. Cogí aire y grité.

Él cayó al suelo aterrorizado. No me iría sola. Y ahora, ya no podría hacerme nada.

viernes, 26 de septiembre de 2014

AL HORNO

El uniforme está ensangrentado. Incluso mi brazo tiene arañazos producidos por aquel animal defendiéndose. Tengo que destruir las pruebas y el cuerpo. Contemplo cómo las llamas devoran mi ropa. Ellos creerán que se ha escapado. ¿Lo aso al horno? No distinguirán si era pollo, gallina o Bertín, su gallo mascota.

Aportación para 50 Palabras publicado el día 16 de septiembre.

NOCHE CON SORPRESA

Tumbada en el escalón de la Pirámide Maya, Luz observaba el cielo estrellado. Bostezaba una y otra vez sin poder contenerse. Se frotaba los ojos y los volvía a cerrar.
-         Vamos, tienes trabajo que hacer – gritó alguien.
Ella se levantó enfadada y se dirigió hacia el bosque. Las ramas se le enredaban en el cabello y las rompía. Los adornos que llevaba se enganchaban y debía pararse continuamente para arreglarlos.
Llegó a un pueblo y se dirigió al bar más cercano.
-         ¿Me invitas a una copa? – le preguntó a Juan, un joven que estaba apoyado en la barra, con su mejor sonrisa. – No me mires así. Soy animadora en las Pirámides que hay cerca de aquí – dijo señalando hacia el bosque y se rió. Le miró de reojo mientras cogía de su mano la copa que le ofrecía.
Durante un par de horas rieron y hablaron hasta que se miraron a los ojos.
-         Ven conmigo – le susurró Luz al oído arrastrándolo después camino del bosque.
Él se dejó llevar mientras ella le retenía las ganas escapando de sus manos juguetonas. Corría delante de él sin dejarse atrapar.
Llegaron a las pirámides en poco rato y comenzó el ascenso.
-         Tengo una fantasía – le había dicho al oído – y a Juan se le abrieron los ojos como platos.
Llegaron a la cima exhaustos. Y cuando él esperaba el ansiado beso, se encontró volando en el aire. Ella había accionado una palanca dejándolo caer.

-         Mi tarea ha terminado – dijo bostezando. - Ahora podré dormir cien años más.

viernes, 12 de septiembre de 2014

TESTIGO EQUIVOCADO

- Lo que no entiendo es qué pasó por su cabeza después de asesinar a su mujer para que destrozara así la almohada.
– Pues verá, señor detective – dijo el detenido antes de entrar en el coche. – Unos días antes de cometer el crimen, soñé que la asesinaba ahogándola con la almohada y que el mismo arma homicida me acusaba delante del juez.
– ¿La almohada?
– Sí, la almohada. Así que acabé con ella para que no me delatase.
– Es una pena, porque se equivocó de testigo. Ha sido la lámpara la que nos dijo que fue usted quien asesinó a su mujer mientras dormía.
– ¿La lámpara?
– Sí señor. O, más bien, la cámara que usted había colocado allí para grabar a su mujer siendo infiel. Se olvidó de apagarla, señor.

CALOR

Helada en la cama, me aferré a tu corazón para mantenerme caliente.

lunes, 8 de septiembre de 2014

ZUMO DE MELOCOTÓN

El zumo de melocotón cayó sobre su magnífico vestido. Se llevó las manos a la cabeza con desesperación. Una idea descabellada acudió a su mente. Cogió mahonesa, tomate, mostaza y lo extendió por su vestido. Al poco tiempo de su llegada, muchos lucían lamparones en su atuendo. Había creado tendencia.

domingo, 7 de septiembre de 2014

DE BREBAJES Y PARQUES INFANTILES

Vago por las calles sin mirar nada en concreto. No tengo nada y lo tengo todo. Cansado, me siento en el banco de un parque. Delante de mí, inmóvil, un mimo vestido de mago. Nos contemplamos largo rato sin hablar hasta que él, baja de su pedestal y se acerca a mí con un brebaje.
-         Pide un deseo y bébetelo – me dice. Se va y desaparece.
No necesito nada, aunque tampoco lo tiro y camino hasta un parque infantil. Me siento en el césped mojado mientras acaricio la botella distraído. No necesito nada, lo tengo todo.
Entonces recuerdo aquellos días en los que no hacía otra cosa que subir y bajar toboganes. Incluso puedo oír el chirriar de las cadenas de los columpios de mi niñez.
Tengo sed y, sin darme cuenta, acerco la botella a mis labios mientras pienso en lo bonito que sería volver a ser un niño.
Ya es tarde. El parque infantil cobra vida. Los columpios se retuercen. Me miran. Las casas de juguetes abren y cierran sus ventanas mientras la puerta me engulle sin darme tiempo a escapar.

Soy un niño. Subo y bajo en el columpio, me deslizo por el tobogán. Soy feliz. Pero luego tengo que volver a clase. Mi profesor, que me tiene manía, a veces me castiga sin salir al recreo. En esos momentos, aburrido, miro por la ventana mientras observo la casa de juguete que se burla de mí.

domingo, 31 de agosto de 2014

BATALLAS

Después de meses de combatir en una guerra que no era la suya, de salvar la vida por los pelos sin un ligero rasguño, regresaba a casa.
Esta vez la contienda sería dura. Ni siquiera su rendición diaria le servía:

- Sí, cariño.

EL AMOR

Hoy ha salido el fallo del concurso de poesía "Versos en el aire III". No he ganado nada, pero mi obra ha sido seleccionada junto con otras tropecientas mil para que pueda salir un libro del concurso. No aspiro a convertirme en una gran poeta, después de ésto, pero, a lo tonto, ya tengo dos obras mías impresas en otros sendos libros... Y esto no ha hecho más que empezar.

El concurso es:
http://www.diversidadliteraria.com/resultados-concursos/versos-en-el-aire-iii/

Y mi obra es: EL AMOR
Lo negro muda a blanco,
el llanto cambia a risa.
La niebla desaparece,
en la ventana hay brisa.
Las espinas se rompen
y los pájaros trinan.
Y mis ojos se encienden
si los tuyos me miran.

lunes, 25 de agosto de 2014

TATUAJES

- Mi piel no es apta para tatuajes - me dijeron una vez.
Un paseo contigo al atardecer y me resultará imposible borrarte mientras viva.

NADIE ENTRARÁ AQUÍ

El cuerpo se descomponía en el jardín de la casa a modo de aviso. Cualquiera que se atreviese a pisar aquella propiedad, recibiría el mismo castigo, parecía querer decir.
Incluso cuando murió, su espíritu vagaba por aquel lugar impidiendo las entradas y salidas.
Así fue como aquel guarda del cementerio obligó a todo un pueblo a construirse otro camposanto.

Esta vez tendrían mucho cuidado en la elección de la persona que fuese a trabajar allí.

sábado, 16 de agosto de 2014

BUCEANDO BAJO LA LUNA

-         Tranquila, confía en mí. Si te falta el aire, te ayudaré a respirar, tengo de sobra para los dos – dijo Joaquín con seguridad.
La luna llena se reflejaba en las frías aguas del lago mientras se sumergían y comenzaban a bucear.
Segundos después, Marta, agobiada, tiró de él hacia arriba. Joaquín, cogiéndola de la mano, la ignoró. Ella intentó soltarse sin conseguirlo. Una vez que dejó de luchar se giró hacia su pareja.
Unos desorbitados ojos azules lo miraban. Chilló de terror mientras ascendía a gran velocidad hacia la superficie, dejándola sola.
A veces, nos damos cuenta demasiado tarde, que uno sólo nunca tiene el suficiente aire para los dos.

SANGRE, ARENA Y AGUA

- Huele a humedad y a pescado, hay una brisa fresca… - digo al llegar. – Sí, definitivamente, estoy en la playa. ¡Qué silencio! Esto es vida – añado.
Cojo mi palo, la sombrilla y la tumbona. Me dispongo a dar un paseo hasta la orilla del agua.
- Es raro – pienso – que en pleno mes de agosto, no haya ni un alma. Tanto mejo...r, toda la playa para mí sola. Qué maravilla – suspiro – la arena no quema, aunque hay algunas durezas que… Dios mío, me caigo. Oh, debe de ser algún animalito. ¿Quieres jugar conmigo? ¿Dónde estás?
Sigo por el sendero que me indica mi bastón, pero hay demasiados obstáculos. Cansada, apoyo con fuerza la tumbona en el suelo. Pero antes de sentarme en ella, la silla se plega. Pruebo con la sombrilla. Investigo el suelo y encuentro un hoyo. Perfecto. Aprieto con fuerza el palo de la sombrilla y hago círculos para clavarlo más adentro. Una humedad caliente penetra en mis calcetines. ¿Tan cerca estoy de la orilla? – me pregunto.
Al momento me siento elevada del suelo.
- ¡Qué fuerza tienen estos pájaros! – grito asustada. – Eh, ¡que no sé volar! ¡Que no sé volaaaaaaaaaar! – repito.
Me noto ligera, vuelo por los aires breves momentos y empiezo a caer hasta llegar al agua. Chof. Las capas de ropa que llevo rodean mi cabeza asfixiándome mientras braceo intentando agarrarme a algo en mi oscuridad. Soy incapaz de subir a la superficie.

SUCESOS. Una anciana sorda y ciega es manteada y arrojada al mar por unos bañistas furiosos tras provocar diferentes heridas (algunas de gravedad) y contusiones.

lunes, 28 de julio de 2014

EL PATO QUE TENÍA HIPO


Los hermanos Cua, Cuo, Cui se despertaron asustados cuando escucharon un extraño sonido:

-          ¡Hip! ¡Hip! – salía de dentro de su pobre hermanito Cui que abría muchísimo los ojos y no conseguía hablar.

-          ¿Qué te has tragado? - preguntaba Cua abriéndole el pico.

-          ¿Qué te has escondido? – preguntaba Cuo levantándole el ala.

A lo que Cui sólo respondía:

-          Hip, Hip – abriendo mucho el pico.

Buscaron desesperados a Mamá Pata y, al no encontrarla, salieron en busca de alguien que les ayudase.

En el estanque donde aprendían a nadar encontraron a un pez:

-          Señor Pez, mi hermanito Cui se ha tragado algo y no sabe cómo sacarlo…- decía Cuo.

-          Hip, Hip – terminaba contestando Cui.

-          Qué extraño sonido – decía el Señor Pez moviendo las agallas - tal vez si bebes mucha agua consigas ahogarlo…

-          Muchas gracias - contestaron al unísono Cuo y  Cua – Hip, hip – añadía Cui.

El pequeño Cui comenzó a beber y a beber agua hasta hartarse. Se levantó, miró a sus hermanos, pero cuando abrió el pico sólo pudo decir:

-          Hip, Hip – y se echó a llorar.

Siguieron andando y se encontraron con una gallina que escarbaba la tierra.

-          Señora Gallina, mi hermanito Cui se ha tragado algo y no sabe cómo sacarlo… - decía Cuo.

-          El Señor Pez nos ha dicho que bebiese mucha agua pero no se le ha pasado – añadía esta vez Cua.

-          Hip, Hip – terminaba contestando Cui.

-          Qué curioso, nunca lo había oído – levantaba la cabeza la Señora Gallina mientras con las patas seguía removiendo la tierra – tal vez si comes mucho se vaya ese ruido… - añadió la Señora Gallina mientras agachaba la cabeza para seguir comiendo.

-          Muchas gracias - contestaron al unísono Cuo y  Cua – Hip, hip – añadía Cui.

Se fueron corriendo a su comedero y Cui comió y comió pero cuando abrió el pico sólo pudo decir:

-          Hip, Hip.

Como Mamá Pata seguía sin aparecer, decidieron seguir buscando quien les dijese cómo solucionar el problema. Y Cui, que estaba lleno de agua y comida, no conseguía alcanzarles.

Siguieron andando y se encontraron con un cerdo que se entretenía jugando en el barro:

-          Señor Cerdo, mi hermanito Cui se ha tragado algo y no sabe cómo sacarlo… - decía Cuo.

-          El Señor Pez nos ha dicho que bebiese mucha agua, la Señora Gallina que comiese mucho, pero no se le ha pasado – añadía esta vez Cua.

-          Hip, Hip! – terminaba diciendo Cui.

-          Hum… déjame que piense… - decía el Señor Cerdo agitando la cabeza – tal vez la solución esté en cerrar el pico y no respirar para que se ahogue el ruido…

-          Muchas gracias - contestaron al unísono Cuo y  Cua – Hip, hip – añadía Cui.

Esta vez fueron los tres hermanitos quienes se decidieron a hacerlo mientras se alejaban de la cochinera. Después de unos segundos, los tres los abrieron para volver a respirar y Cui sólo pudo decir:

-          Hip, hip!

Siguieron andando por la granja y se encontraron con un caballo.

-          Señor Caballo, mi hermanito Cui se ha tragado algo y no sabe cómo sacarlo… - decía Cuo.

-          El Señor Pez nos ha dicho que bebiese mucha agua, la Señora Gallina que comiese mucho, el Señor Cerdo que no respirase, pero no se le ha pasado – añadía Cua.

-          Hip, Hip! – terminaba diciendo Cui.

-          ¿Habéis probado a que alguien le de un susto?

-          Muchas gracias - contestaron al unísono Cuo y  Cua – Hip, hip – añadía Cui.

Olvidándose de los consejos de su mamá de no alejarse demasiado, no tardaron en salir de la granja y adentrarse en el bosque. Allí, entre la espesura, se encontraron con un oso, que los miraba.

-          Se-se-se-ñor Oso, mi-mi mi herma-ma-nito Cui…

-          Grrr!!!! – gruñó el oso y salieron asustadísimos dispuestos a no adentrarse más en el bosque.

Corrieron y corrieron hasta regresar a la granja y finalmente encontraron a Mamá Pata.

-          Hijos míos, ¡qué alegría! ¡no os encontraba por ningún lado! – dijo abrazándolos.

-          ¡Mamá, mamá! – contestaron a la vez los tres hermanitos.

-          Cui, ¡ya no te sale ese ruido del pico! – dijeron Cua y Cuo.

-          Es verdad – dijo Cui.

Cuo fue a hablar y lo único que le salió fue:

-          Hip, hip – abrió los ojos asustado y miró a su mamá y sus hermanos.

-          Nooooo – dijeron Cua y Cui.

-          Ja, ja, ja – se rió Cuo. – Era una broma. ¡Os lo habéis creído!

Cua y Cui movieron las alas enfadados y se acercaron a su mamá para abrazarla.

-          No se gastan bromas – le renegó. – Lo que vuestro hermano tenía se llama hipo. Pero no pasa nada. Viene y se va cuando quiere.

Se quedó mirándolos un momento y, guiñándole un ojo a Cuo, gritó:

-          Hip, hip.

-          ¡Hurra! – contestaron los tres hermanos echándose a reir.