martes, 27 de mayo de 2014

NUNCA DEJES TU SOMBRERO EN CASA

Ernesto estaba trabajando cuando llegó su jefe.
-         Buenos días – saludó éste quitándose el sombrero.
-         Mierda – pensó al recordar que había olvidado el suyo en el perchero de casa.
Le empezaron a sudar las manos;  durante unos segundos ni una palabra acudió a su boca, hasta que tuvo una idea:
-         Buenos días – dijo quitándose la cabeza y volviéndola a colocar en su sitio.
Ante los ojos desorbitados de su jefe contestó a modo de excusa:

-         Lo siento, me he dejado mi sombrero en casa – y siguió trabajando.

martes, 20 de mayo de 2014

NUDISMO

- ¿Hacemos nudismo? – dijeron los peces.

Y la playa se llenó de esqueletos y espinas.

LA PLAYA

Era extraño. No recordaba lo que había pasado. Sólo sabía que tenía unas ganas terribles de sumergirse en el agua. Estaba sedienta, no podía caminar, ni siquiera sabía si sus piernas se habían mantenido en pie alguna vez. O qué habría sido de su silla de ruedas.
Centímetro a centímetro la orilla se acercaba, pero a la vez estaba tan lejos… No tenía fuerzas en los brazos, el pelo le caía seco a los lados de la cara. Ni siquiera era capaz de sudar. Y el agua estaba allí, su deseo a punto de cumplirse.
Era incapaz de tragar. Tenía la cara tan cerca del suelo que sentía la arena entre los dientes y los granos se le incrustaban en la garganta. Se arrastraba hasta llegar a su meta pero no conseguía avanzar más de un centímetro cada vez que lograba moverse.
Ya faltaba poco, un segundo más y ese martirio desaparecería. Tocó el agua, la palpó, jugó con la punta de los dedos con ella. Su cuerpo se llenaba de vida por momentos y recuperó la fuerza suficiente para entrar y sumergirse.

Lo último que se vio antes de que las aguas volviesen a su quietud, fue una cola de pez.

LA ESPERA


La guerra, aunque lejana todavía, había llegado.

-         Espérame – le había dicho poniéndose el macuto al hombro. – Regresaré.

Su promesa la mantenía viva y anclada allí a pesar de la proximidad del peligro. Todos los días acudía a la playa y se sentaba a esperar mientras contemplaba las olas chocar contra la orilla. Pero no tenía noticias suyas.

Un avión pasó entre las nubes mientras las gaviotas se alejaban chillando.

No quería llorar. Luchaba contra esas traidoras que asomaban a sus ojos pillándola desprevenida.

-         Volverá – pensaba, mientras cada día que pasaba lo sentía más lejano.

El avión regresó y rompió la barrera del sonido. Mientras se tapaba los oídos, vio algo que caía y su cara reflejó el terror al descubrir la bomba. Pensó en él. La onda expansiva la empujó decenas de metros por la arena sin sentir apenas nada. Una luz la cegó. Cuando logró abrir los ojos, descubrió que todo había cambiado, a pesar de seguir en la misma playa: el mar estaba tranquilo, no había rastro de aviones y ni siquiera las lágrimas la acompañaban. La calma lo inundaba todo. Se volvió a sentar en el mismo sitio. Tarde o temprano, regresaría.

 

martes, 13 de mayo de 2014

CONSENTIDA

-         Quiero ese  muñeco – gritó señalando el escaparate de la tienda de juguetes mientras su madre seguía ignorándola.
La calle estaba abarrotada de gente. La madre sentía sus ojos fijos en la espalda a causa de la escena.
-         He dicho no – susurró fría con una mirada que habría acobardado a cualquiera excepto a su hija.
Diez minutos después, la niña acariciaba aquel peluche que tanto había querido. Sonreía triunfadora.
-         Es hora de ir a casa – dijo su madre con voz cansada.
-         No. Ahora quiero un helado.
-         Es tarde. Va a empezar a llover – contestó mirando el cielo y empezando a perder la paciencia.
No había terminado de hablar cuando gruesos gotillones chocaron contra el suelo. Pero la pequeña no se amedrentó.
-         Quiero mi helado. Ahora – empezó a saltar en los charcos que se iban formando y el pelo mojado se le pegaba a la cara.
-         Me voy - dijo la madre.
Se dio la vuelta desesperada pensando que quizás eso la hiciese reaccionar. Avanzó un par de edificios y se giró.  Sólo vio el peluche en mitad de un gran charco. Regresó con el corazón en un puño, gritando su nombre. No aparecía por ninguna parte.
La niña, oculta en un callejón detrás de unos cubos de basura, observaba.
La madre gritaba, lloraba, suplicaba. Unas veces hacia el cielo, otras a la gente que pasaba por allí.
Su hija siguió escondida esperando el momento para salir.
De repente la mujer se llevó una mano al pecho y cayó al suelo. Muchos corrieron a ayudarla.

- Voy a salir – pensó con tranquilidad la pequeña. – Ahora me dará mi helado.

jueves, 8 de mayo de 2014

APARIENCIAS

La mañana era soleada. Una dama y su hija que paseaban por el parque se sentaron a la sombra de un sauce. La madre cerró el parasol y lo puso en su regazo.
-         Niña, ¿has dicho que esta tarde nos presentará a sus padres? – preguntó sacando la punta de la lengua mientras pensaba.
-         Sí, mami – dijo la hija pasando un dedo por el respaldo del banco arrugando la nariz mientras evitaba apoyarse en él.
Una limpiabotas que pasaba delante de ellas se acercó y les preguntó si querían sus servicios. La dama, a modo de respuesta, sin tan siquiera mirarla, levantó el pie en el aire.
-         Pues no se te puede escapar. Me he paseado por delante de su finca. Es inmensa y el jardín lo tienen impecable.
La dama cambió el pie y la limpiabotas continuó con su trabajo mirándolas de vez en cuando sin que se diesen cuenta.
-         ¿Y es guapo? Bueno, tampoco importa demasiado si tiene la cartera llena. Ya sabes que papá apuesta demasiado y tenemos muchas deudas. Y los caballos no son nada baratos. ¿Habéis hablado del viaje de novios? La boda la pagará él, ¿no?
A la hija no le dio tiempo de contestar ya que la dama miró sus pies y se levantó enfadada.
-         ¿Pero qué has hecho, idiota? – los zapatos estaban perfectos pero ni aún así la limpiabotas dijo nada - ¡Si ni siquiera los has limpiado! No pensarás que te voy a pagar por esto, ¿verdad? Vayámonos antes de que me los rompa esta... – abrió el parasol y giraron la cabeza indignadas.
Hacía mucho calor cuando llegaron a la entrada de la finca y el abanico no daba abasto.
-         Pero qué bonito está todo, tiene que costar un dineral… - le susurró a su hija.
La dueña de la casa salió en persona a saludarlas.
-         ¡Pero qué zapatos tan bonitos y limpios lleva usted! Si es que hay cada elemento por el mundo… Personas que sólo se fijan en la cartera de los demás o de las propiedades que se tiene, ¿verdad?
La dama todavía tenía la boca abierta cuando le cerró la puerta en sus narices.

-         Ahhhh – gritó la hija montando una escena. - ¡Lo has estropeado todo! Con lo que me había costado que el idiota más rico se fijase en mí… - lloraba mientras pateaba el suelo.

domingo, 4 de mayo de 2014

PARAÍSO O INFIERNO

El barco donde viajaba se hundió siendo yo el único superviviente. Logré subirme a un bote y recogí diferentes víveres esparcidos por el agua. Resignado, me dispuse a terminar mis días esperando ver aquella luz que me llevaría con el resto de los pasajeros.
Cuando casi me desvanecía, divisé algo en el horizonte. A pesar de creer que era producto de mi imaginación, encontré las fuerzas suficientes para sacar los brazos por la borda y ayudarme con ellos a llegar hasta mi meta.
La isla aparentaba estar vacía y, tras salir del bote y caminar unos pasos, me dejé caer en la arena caliente.
Desorientado, desperté en un lugar fresco y rodeado de sombras. Cuando mis ojos se habituaron a la oscuridad, vislumbré un grupo de mujeres que me observaba y acariciaba. Comenzaron a discutir entre ellas, se empujaban y empecé a preocuparme. ¿Sería yo el fruto de su disputa?

Apareció una señora mayor, la líder del grupo, e impuso silencio. Se acercó a mí sonriendo y no sé qué me aterró más: creer que aquella mujer quisiese acostarse conmigo, o que me fueran a comer. Corrí todo lo que pude y volví al bote.