viernes, 26 de septiembre de 2014

AL HORNO

El uniforme está ensangrentado. Incluso mi brazo tiene arañazos producidos por aquel animal defendiéndose. Tengo que destruir las pruebas y el cuerpo. Contemplo cómo las llamas devoran mi ropa. Ellos creerán que se ha escapado. ¿Lo aso al horno? No distinguirán si era pollo, gallina o Bertín, su gallo mascota.

Aportación para 50 Palabras publicado el día 16 de septiembre.

NOCHE CON SORPRESA

Tumbada en el escalón de la Pirámide Maya, Luz observaba el cielo estrellado. Bostezaba una y otra vez sin poder contenerse. Se frotaba los ojos y los volvía a cerrar.
-         Vamos, tienes trabajo que hacer – gritó alguien.
Ella se levantó enfadada y se dirigió hacia el bosque. Las ramas se le enredaban en el cabello y las rompía. Los adornos que llevaba se enganchaban y debía pararse continuamente para arreglarlos.
Llegó a un pueblo y se dirigió al bar más cercano.
-         ¿Me invitas a una copa? – le preguntó a Juan, un joven que estaba apoyado en la barra, con su mejor sonrisa. – No me mires así. Soy animadora en las Pirámides que hay cerca de aquí – dijo señalando hacia el bosque y se rió. Le miró de reojo mientras cogía de su mano la copa que le ofrecía.
Durante un par de horas rieron y hablaron hasta que se miraron a los ojos.
-         Ven conmigo – le susurró Luz al oído arrastrándolo después camino del bosque.
Él se dejó llevar mientras ella le retenía las ganas escapando de sus manos juguetonas. Corría delante de él sin dejarse atrapar.
Llegaron a las pirámides en poco rato y comenzó el ascenso.
-         Tengo una fantasía – le había dicho al oído – y a Juan se le abrieron los ojos como platos.
Llegaron a la cima exhaustos. Y cuando él esperaba el ansiado beso, se encontró volando en el aire. Ella había accionado una palanca dejándolo caer.

-         Mi tarea ha terminado – dijo bostezando. - Ahora podré dormir cien años más.

viernes, 12 de septiembre de 2014

TESTIGO EQUIVOCADO

- Lo que no entiendo es qué pasó por su cabeza después de asesinar a su mujer para que destrozara así la almohada.
– Pues verá, señor detective – dijo el detenido antes de entrar en el coche. – Unos días antes de cometer el crimen, soñé que la asesinaba ahogándola con la almohada y que el mismo arma homicida me acusaba delante del juez.
– ¿La almohada?
– Sí, la almohada. Así que acabé con ella para que no me delatase.
– Es una pena, porque se equivocó de testigo. Ha sido la lámpara la que nos dijo que fue usted quien asesinó a su mujer mientras dormía.
– ¿La lámpara?
– Sí señor. O, más bien, la cámara que usted había colocado allí para grabar a su mujer siendo infiel. Se olvidó de apagarla, señor.

CALOR

Helada en la cama, me aferré a tu corazón para mantenerme caliente.

lunes, 8 de septiembre de 2014

ZUMO DE MELOCOTÓN

El zumo de melocotón cayó sobre su magnífico vestido. Se llevó las manos a la cabeza con desesperación. Una idea descabellada acudió a su mente. Cogió mahonesa, tomate, mostaza y lo extendió por su vestido. Al poco tiempo de su llegada, muchos lucían lamparones en su atuendo. Había creado tendencia.

domingo, 7 de septiembre de 2014

DE BREBAJES Y PARQUES INFANTILES

Vago por las calles sin mirar nada en concreto. No tengo nada y lo tengo todo. Cansado, me siento en el banco de un parque. Delante de mí, inmóvil, un mimo vestido de mago. Nos contemplamos largo rato sin hablar hasta que él, baja de su pedestal y se acerca a mí con un brebaje.
-         Pide un deseo y bébetelo – me dice. Se va y desaparece.
No necesito nada, aunque tampoco lo tiro y camino hasta un parque infantil. Me siento en el césped mojado mientras acaricio la botella distraído. No necesito nada, lo tengo todo.
Entonces recuerdo aquellos días en los que no hacía otra cosa que subir y bajar toboganes. Incluso puedo oír el chirriar de las cadenas de los columpios de mi niñez.
Tengo sed y, sin darme cuenta, acerco la botella a mis labios mientras pienso en lo bonito que sería volver a ser un niño.
Ya es tarde. El parque infantil cobra vida. Los columpios se retuercen. Me miran. Las casas de juguetes abren y cierran sus ventanas mientras la puerta me engulle sin darme tiempo a escapar.

Soy un niño. Subo y bajo en el columpio, me deslizo por el tobogán. Soy feliz. Pero luego tengo que volver a clase. Mi profesor, que me tiene manía, a veces me castiga sin salir al recreo. En esos momentos, aburrido, miro por la ventana mientras observo la casa de juguete que se burla de mí.