viernes, 18 de noviembre de 2016

LA RUEDA

    “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” dijo Arquímedes — te comenté mientras descansaba en ti. Con una sonrisa continué — ¿Sabes? Yo debo de ser un descendiente suyo o su reencarnación.
Cambié de postura y  me senté en el suelo. Me giré hacia ti.
    Mi madre siempre dijo que nací rodando… — estallé en una carcajada escandalosa y te susurré — casi me caigo de los brazos de la matrona. Imagina el ímpetu con el que salí.
Tú seguiste mirando el infinito, como si aquella conversación no fuera contigo. Seguí la dirección de tus ojos y descubrí la sombra de montañas a lo lejos, en el horizonte. Era imposible hacerte sonreír.
    Aprendí a ir en triciclo antes incluso que andar y ya no me he separado de ellas — te dije mientras hice girar la que tenía atada a mi espalda.
Seguías inmóvil. En ningún momento te vi parpadear. Y me puse serio.
    Las veo en todas partes. En los platos que se mueven por un palillo, en la noria girando sin parar —. Me quedé callado unos instantes para continuar después en voz más baja. — Aún conservo el aro de mi abuelo, ese que hacían dar vueltas mientras ellos corrían como locos.
Me levanté de un salto sin sorprenderte, sin asustarte. Y comencé a mover la cadera.
    Incluso el hula-hop no tiene secretos para mí — te susurré al oído mientras seguía mi ritmo interior.
Te abracé y me alejé de ti. Descendí por el terraplén. Una vez abajo te volví a contemplar.
    Posiblemente muera bajo las ruedas de un camión — te grité ayudándome con las manos a modo de altavoz.

Y tú, estatua de los caídos en carretera, madre llorando por la pérdida de tu hijo querido, fuiste el primer testigo de cómo me subía a la verja y saltaba a la autopista.

viernes, 3 de junio de 2016

LA TIENDA DE DISFRACES

—    ¡Vaya! Tienen unos disfraces muy logrados — dijo Sebastián cuando entró en la tienda -.Me ha fascinado el “Fantasma de la Ópera” que tienen en el escaparate. Aunque yo he entrado por curiosidad, para ver si tienen el de Edgar Allan Poe.
El dependiente lo miró de arriba abajo sin que una sola palabra saliese de sus labios y comenzó a teclear en el ordenador a una velocidad inhumana. Tras unos escasos minutos en silencio, Sebastián comenzó a hablar:
—    ¿Sabe? Me encanta escribir relatos de terror y Edgar es tan… — su voz quedó interrumpida tras el silencio continuado del otro.
El dependiente, tras haber terminado su búsqueda, levantó la cabeza del teclado para sonreír. Pero sólo le salió una mueca tan retorcida que al joven le recorrieron uno y mil escalofríos por la espalda.
—    Lo siento. Lo tenemos que… — contestó con voz grave y volviendo a hacer el mismo gesto — lo tenemos reservado. Vuelva después de Halloween — zanjó.
Y abrió la puerta situada detrás del mostrador. Mirándolo de arriba abajo de nuevo, desapareció en la oscuridad. Sebastián se fue, además de la invitación tan clara a marcharse por parte del hombre, por el hedor que salió tras haberse cerrado.
Sebastián, ojeando el periódico local varios días después, encontró en portada: “Vandalismo en el cementerio la Noche de Halloween. Restos de personajes famosos han sido robados de sus tumbas”.
Se acercó corriendo al escaparate de la tienda de disfraces para descubrir, asombrado, el realismo total de los personajes expuestos; algunos de ellos eran nuevos, pero ninguno era el del escritor de relatos de terror. La mano, cuyo sudor limpió en su pantalón, le temblaba tanto que tuvo que sujetársela con la otra para poder accionar el picaporte. Lo giró y entró.
El mismísimo Edgar Allan Poe estaba allí, detrás del mostrador, con aquella mueca retorcida que tanto había empezado a odiar.

viernes, 20 de mayo de 2016

EL REGALO

En el momento en el que pensé que nunca podrías sorprenderme más, apareciste desnuda ante mí con una cajita roja. Emocionado, comencé a abrir el paquete y descubrí un corazón. Y justo en aquel instante, caíste en mis brazos.

martes, 17 de mayo de 2016

REFORMAS

Marisa había entrado en un sueño profundo cuando los albañiles de corazones se pusieron en contacto con su cerebro.
    ¿Podría indicarnos qué debemos hacer? — le preguntaron.
Aquel día, la mujer había encontrado un extraño anuncio en la sección de clasificados del periódico local que rezaba: “Reformamos su corazón, lo dejamos como nuevo”. Y había llamado con curiosidad y reticente. Pero acabó hablando durante más de dos horas con ellos.
    Miren. Ésta es la habitación de su primer amor — dijo a los trabajadores —. ¿Lo ven ahí? Realmente no era así, ya que tenía una nariz a lo Rosy de Palma. Pero ella lo idealizó tanto que quedó todo un adonis. Me gustaría que la dejasen más pequeña.
El pasillo por el que  caminaron a continuación, se caía, literalmente, a pedazos.
    Sí — les dijo cuando se pararon a contemplar las grietas de las paredes y los cables que colgaban del techo —. Tienen mucho trabajo. Por favor, no se me duerman en los laureles.
Los albañiles siguieron al jefe del centro de mando.
    Estas dos habitaciones no las toquen, se lo ruego. Son las de sus hijas y me gustan tal y como están.
Dos dulces y educadas niñas se asomaron a las puertas.
    Van a arreglar el corazón de mamá — preguntó la mayor.
Ante la afirmación de los trabajadores, la pequeña aplaudió y les lanzó besos a los dos.
Más adelante llegaron a dos cuartos oscuros muy estropeados. Incluso más que el pasillo. Y allí se paró el jefe.
    Aquí está el gran trabajo. Lo demás, si lo pueden hacer, se lo agradeceré mucho. Pero esto tiene que estar acabado antes de que ella despierte. Quiero que los ponga a estos dos, de patitas en la calle. Voy a guardar varias cosas que merecen la pena — dijo recogiendo una caja ya embalada y colocándola en el pasillo —. Aunque estoy tentado de tirar todo a la basura. Pero algo tengo que dejar en honor a cada una de las maravillosas niñas que le dejaron de regalo.
Los albañiles trabajaron duro durante toda la noche. Servían tanto para un roto como para un descosido. De esta forma taparon agujeros, pintaron, remendaron cortinas y cojines, limpiaron el polvo y, todo, en una sola noche de trabajo tal y como les habían pedido. Las dejaron listas para ser ocupadas por nuevos inquilinos para que — o al menos así lo esperaba el jefe — se quedasen.
Marisa, cuando se despertó, se sentó delante del espejo y se contempló radiante.
    Me vino muy bien hablar con el psicólogo por teléfono. Parece como si hubiese podido cerrar esos dos capítulos de mi vida —. Y sonrió feliz por primera vez en mucho tiempo.

viernes, 13 de mayo de 2016

SOY LA QUE SOY

Yo soy la que calla por no iniciar una discusión y la que comienza una bronca porque sí.
La que deja pasar a la gente con una sonrisa y la que está harta de que los demás se le adelanten.
La que tiene una mirada dulce y la que con sólo una mirada, asesina.
La que sólo tiene palabras amables y la que echa sapos y culebras cuando habla.
¿Crees que soy bipolar? No, en absoluto.
¿Quieres saber quién soy realmente? ¿Qué se esconde en mi interior?
Tú actúa y entonces lo descubrirás.

lunes, 1 de febrero de 2016

UN LUGAR EN EL BOSQUE

Una joven llegó corriendo a la estación de tren. El andén estaba vacío y se apoyó en un poste hasta recuperar el aliento. Cuando tuvo la respiración controlada, se sentó a esperar. Cada cierto tiempo, se levantaba para comprobar si se veía alguna luz que indicase que se acercaba alguno. Otras, miraba el reloj que parecía haberse congelado en el minuto treinta y siete.
La enésima vez que se puso de pie comprobó que se acercaba una luz verde.
    Qué raro, yo pensaba que eran blancas — pensó.
El tren hizo su parada en la estación y ella subió sin tan siquiera mirar su aspecto.
Una vez sentada, descubrió a la única persona que la acompañaba en el viaje y que descansaba dos asientos por detrás del suyo.
Mil gruñidos se escuchaban fuera como si las ruedas que se deslizaban por las vías rítmicamente necesitasen aceite para ser engrasadas.
    Qué birria de tren — susurró.
Alzando la vista se fijó en el cartel colocado encima de la entrada: “Rogamos se abstengan de leer durante el trayecto”.
    ¡Puf! Menuda tontería — exclamó.
Ella miraba a través del cristal cómo titilaban miles de luces pertenecientes a alguna de las ciudades cercanas. El resto era oscuridad. Su reflejo en la ventanilla hizo que su cuerpo respondiese con un escalofrío al observar su imagen deformada. Apartó sus ojos y los centró en una revista que sobresalía del bolsillo delantero. La cogió y se puso a ojearla sin detenerse en titulares, fotos o el contenido de sus textos.
Una risa espeluznante salió del megáfono situado junto al cartel y se giró en busca de la persona que la acompañaba en ese viaje para preguntarle si lo había escuchado. Descubrió el asiento vacío. Miró en dirección a la puerta posterior por si había salido sin que ella se hubiese dado cuenta y se encogió de hombros.
Sus dedos siguieron pasando hoja tras hoja hasta que sus ojos descubrieron una extraña imagen.
Era el amanecer de un bosque rodeado de pequeñas cascadas donde parecían vivir otro tipo de seres.
    Juraría que se ha movido algo — susurró.
Miró detenidamente la imagen y se acercó más. La luz proveniente de las pequeñas viviendas alojadas en los árboles se apagó. La joven se pegó más y, cuando su nariz rozó la foto, fue engullida por ella.
La revista quedó abierta encima del asiento vacío. Las letras diminutas que explicaban la imagen decían textualmente: “Ponga un especial cuidado en no dejarse atrapar por la lectura”.

Entonces la risa espeluznante se volvió a escuchar a través del megáfono.